lunes, 26 de enero de 2015

Cinco eslabones de una cadena medieval bajo mis pies

Despierto y tardo unos segundos en darme cuenta de una sensación extraña en mis pies. Me costó recordar lo que era una cadena, inmediatamente vinieron a mi mente las historias de las escaleras que hay debajo nuestro. Nadie ha vuelto de una de ellas. Hay unas pocas puertas diseminadas por el valle y de vez en cuando se escuchan historias de cuerpos que las han atravesado. Es imposible abrir por uno mismo la puerta, la estamos pisando y eso impide que se abra. Comencé gritando que la puerta nos traería aire fresco y agradables aromas provenientes de las cocinas del inframundo, donde doncellas embriagadas preparan un festín alucinante. De movida los cuerpos a mi alrededor se entusiasmaron, por suerte en el grupo había muchos cerebros licuados. Logré convencer a unos cincuenta cuerpos ¿Qué hacemos? preguntaron. Se me ocurrió pedirles a todos que a la cuenta de tres empujemos con toda nuestra fuerza, y así lo hicieron, el movimiento duró solo unos segundos y se formó un claro en la muchedumbre. La puerta quedó liberada y pude abrirla, surgieron de inmediato haces de luz de infinitos colores que enmudecieron a todos, maravillados miramos la luz, y con ella nuestros blanquecinos rostros. Los haces de luz flotaron un par de segundos y luego se apagaron, terminaron rápidamente. Hubo un segundo de silencio y confusión, luego todos los cuerpos cercanos, se arrojaron violentamente al interior de la escalera, lo hicieron hasta que se atoraron sus cuerpos, gritaron y maldicieron. Las piernas de un cuerpo quedaron hacia arriba y me permitieron al menos un desayuno frío.

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