miércoles, 29 de abril de 2015

Soñando con cenizas

Una extraña sensación en mi rostro me despertó antes que a la mayoría. En la oscuridad más absoluta, donde parece no haber nada, algo nuevo sucedía, una lluvia densa, seca y áspera golpeaba mi cabeza, mi rostro y mis hombros, el resto de mi cuerpo estaba perdido en algún lado de la marea. Todos los cuerpos despertaron, maravillados por la novedad. Y ceniceó sin parar, durante veinte días y veinte noches, hasta que nos comenzó a tapar. Pude subir pisando cuerpos justo antes que desaparecieran casi todos bajo la superficie cenicial. ¡¡Al fin libre!! corrí, me tiré al mar de ceniza, me revolqué en el suelo de ese desierto, y en la oscuridad, reí.

miércoles, 22 de abril de 2015

El cuerpo saltarín

El cuerpo contiguo me contó anoche una hermosa historia que llenó de ideas mi atolondrada cabeza. Me dijo que conoció al cuerpo saltarín. El mismo de las canciones infantiles que cantan los cuerpos los domingos. Como en la canción, va saltando sobre las cabezas, atravesando velozmente la marea. A oscuras como siempre, salvo cuando pasa el cohete que dicho sea de paso está pasando mucho mas seguido, ágil como una pluma arremolinada, va pisando cabezas buscando el final de la marea. Me cuenta el cuerpo contiguo que una vez cuerpo saltarín se detuvo sobre su cabeza y que aprovechando la camaradería circunstancial, se quedó un rato descansando y contando historias increíbles sobre la marea. Les contó de la zona muerta donde los cuerpos están pudriéndose y que existen, cada mil metros, grandes pilares de piedra rodeados de alambre de púas. Contó que allí reina la muerte y los cuerpos mas débiles son aplastados contra la piedra y las púas. También que existe un cuerpo volador que escupe fuego y que mas allá de la marea hay mucho espacio para moverse. Todo esto me contó el cuerpo contiguo, ayer por la noche. Hoy desde temprano duerme en mi hombro agradecido.

sábado, 11 de abril de 2015

Si alguna vez te despertás

de la noche,
cuando pasa el cohete,
vas a ver bailar a la marea.
Cuerpos, cabezas,
surfeando.
Nadie te ve,
parece que no están.
No es bueno estar solo,
en la noche.
Nadie habla,
nadie llora,
todos danzan sincronizados.
Dan ganas de besarlos,
pobres zombis.
¿Qué quedó de aquello que casi no recuerdo?
Nada.
Solo desprecio y hastío,
en mi invisible semblante.