no me pregunten como.
Parecía un sueño pero fue real.
Simplemente sucedió,
sin siquiera proponérmelo.
Un golpe de suerte feroz,
sinestésico,
pude oler el sonido del viento entre las púas
y mirar el sabor del mar.
¡Que cerca estaba el mar!
y nosotros sin bronceador.
Cuánta agua tiene que pasar bajo el puente para que el río ya no sea río.
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