y embadurnarme de excremento
para evitar despeñaderos y bestias.
¡Que iluso!
Caí en abismos malolientes
y me devoraron tres dedos.
Me arrastré por siglos,
por debajo de las púas
y por detrás de las bestias.
Me arrastré hasta un lago de orín.
Y lo navegué en el mástil de un antiguo navío.
Me amigué con los espirituosos cuerpos oscuros que pululan por esos lares.
Y llegué hasta esta enorme meseta,
desde donde puedo ver,
en el horizonte,
un pequeño halo de luz amarillo,
que sube hasta el cielo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario