jueves, 16 de julio de 2015

Decidí arrastrarme

y embadurnarme de excremento
para evitar despeñaderos y bestias.
¡Que iluso!
Caí en abismos malolientes
y me devoraron tres dedos.
Me arrastré por siglos,
por debajo de las púas
y por detrás de  las bestias.
Me arrastré hasta un lago de orín.
Y lo navegué en el mástil de un antiguo navío.
Me amigué con los espirituosos cuerpos oscuros que pululan por esos lares.
Y llegué hasta esta enorme meseta,
desde donde puedo ver,
en el horizonte,
un pequeño halo de luz amarillo,
que sube hasta el cielo.

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