A un metro de la circunferencia me encuentro.
Adentro no entro,
ni en pedo.
El cuerpo que se atreve,
muere pulverizado.
Apenas uno entre cien,
alcanza a dar unos pasos
y logra perderse en la polvareda
que genera la fuerza de los rayos de luz sobre la arena.
Sin embargo pienso que no queda alternativa,
y me lanzo al encuentro de luz o de muerte.
Junto a mí, otros cuerpos acompañan el intento.
No veo más que lux,
no quiero escuchar el sonido de los cuerpos pulverizar,
sigo, penetro en la luz,
y corro como el viento.
Grúas gruñen grúas gruñen,
grúas gruñen gruñen grúas.
¡¡¡Ah!!!
Grúas humanoides se acercan,
sus fierros son sus dientes,
el aceite se mezcla con la sangre.
Durazno combustible,
naranja mecánica.
Asmática procesión de fotos de escape.
Ausente Vicente y Jacinto,
mis monjes,
muertos en la misma tarea.
La de encontrar la gracia,
pérdida, anhelada.
Gracia che copete,
fumate Alderete.
Al cuete,
me atraparon.
Dos grúas crujientes,
que gruñen y escupen aceite.
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