lunes, 14 de diciembre de 2015
Sótano eléctrico
El inventor de las nubes publicitarias mandó un libro al infierno y cayó sobre mi, por suerte estaba en braille ya que la oscuridad reinante me hubiese impedido leerlo, salvo claro en los fugaces momentos de cruces de cohetes por el cielo. Su imaginación iluminó mis días y mis noches. Así pasaron mis últimos años en la marea, comiendo del vecino y soñando con las aventuras del inventor de las nubes publicitarias. Me llamó la atención que contara que la idea de las nubes se le ocurrió cuando era un niño. Una vez que se quedó encerrado dos días en un oscuro y maloliente sótano.
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