jueves, 13 de agosto de 2015

Kaiser Nero

Después de pensarlo toda una tarde me di cuenta que yo era el kaiser Nero. Me acordé de todos mis incendios y de como los apagué con vino tinto helado y unas cuantas vísceras procesadas de pescado. Me acordé de las orgías y las borracheras, de la hada más bella. De cómo en mi todo brillaba y de cómo el otoño secó mis ganas. También recordé aquel viejo amigo, al que le hundí un cuchillo una madrugada. Recordé su rostro apenas vivo y luego muerto como una res plana. Y todo eso mientras veía una procesión de cucarachas.
Resulta que ahora todos me respetan. Cuerpos y cuerpos pasan en reverencia, rindiendo pleitesía. Pobres imberbes, acaso vean en mi alguna gracia. Solo estoy esperando el momento justo de caerles por la espalda y hundirles mi viejo cuchillo, en reclamo de sus faltas.
¡Viva el kaiser Nero! Señor de la desesperanza.

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