Pronto mi cuerpo cubrieron con las mas maravillosas sedas que alguna vez haya vestido. Voluptuosas doncellas apagaron toda mi furia dejándome reposando en mi lecho de rey. Pude ver que estábamos llegando al final del valle, en el extremo oeste del círculo. A diferencia de toda luz conocida, que se propaga en el tiempo y el espacio, la luz que existía dentro del alcance del círculo de fuego era capaz de llegar solo hasta el límite perpendicular de la circunferencia, y quedar allí contenida. La luz no llegaba al valle, solo un pálido reflejo de la imagen vívida de la pared de la circunferencia, ese reflejo nos alumbraba y en la más oscura noche era un halo de vida, que se multiplicaba en las ansias de luz de los cuerpos, que creaban su luz mientras bajaban por el valle.
Luz crea más luz.
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