Aterricé en una montaña de heno
que amortiguó mi caída.
Rodé hasta la arena del halo de fuego.
Mi respiración y los tambores lejanos,
resonaban en mi mente.
Decidí volver hacia la oscuridad,
nada bueno presentí ante tanta claridad,
mejor pensar bien las cosas al abrigo del vacío.
Poco a poco me perdí y desaparecí,
al fin a salvo.
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